Día de muertos (3)

1 de noviembre. Hace cinco años.

Secuestro en oficina de gobierno termina en tragedia

Con saldo de cuatro funcionarios muertos y dos personas calcinadas terminó el secuestro en Padrón y Licencias anoche.

Por: Alfonso García del Real

Lo que parecía una tarde apacible de viernes se convirtió pronto en tragedia cuando a Benito Fernández, quien tenía intenciones de abrir una tienda de artículos para aficionados al terror, le fue rechazada su solicitud por séptima ocasión. Fernández, quien llevaba varios meses solicitando la licencia, decidió tomar caminos más directos y se apersonó en la oficina central de Padrón y Licencias, ubicada en la calle del Huerto y la avenida del Río, en la colonia del Bosque, junto con cuatro de sus amigos, justo antes de cerrar. Fernández y sus compiches, según testigos, sacaron sus armas, dispararon a los tres custodios, y se dirigieron a la oficina del oficial mayor, a quien dispararon en repetidas ocasiones. Sin embargo, en lugar de huir, Fernández y sus cómplices decidieron pertrecharse en la oficina y tomaron como rehenes a los empleados que se encontraban en el lugar y no alcanzaron a huir. Utilizando los conocimientos que había adquirido en el ejército, Fernández confeccionó bombas de collar y las colocó en sus rehenes, amenazando con hacerlos volar a todos si sus condiciones no eran satisfechas a la brevedad. La actuación del comandante Juan Destino fue clave para evitar que el baño de sangre creciera, al negociar con los secuestradores y conseguir la libertad de los rehenes, mas sus esfuerzos se vieron empañados por las fuerzas de la naturaleza, cuando uno de los integrantes de la banda arremetió en un auto robado contra la multitud de curiosos congregada afuera de Padrón y Licencias. Un disparo de un francotirador hirió al conductor y lo obligó a cambiar su trayectoria, salvando a la multitud, pero unas calles más adelante el conductor, desangrándose, se estrelló contra un autobús y un vehículo particular. Los pasajeros del autobús lograron salir con bien, mas la mujer que tripulaba el auto particular quedó atrapada, al igual que el secuestrador. Los vehículos se prendieron fuego con tal velocidad que no hubo forma de rescatar con vida a la mujer, y el secuestrador corrió igual suerte, aunque por la cantidad de sangre en el suelo se ignora si ya había fallecido antes de estrellar su automóvil. Personal del servicio médico forense, de servicios periciales y de la policía investigadora acudió al sitio para levantar indicios y retirar los cadáveres, mientras que la Fuerza de Reacción de Élite rastreaba a los secuestradores que lograron escapar.

2 de noviembre. Hace cinco años.

Detenidos los involucrados en el secuestro de Padrón y Licencias

Se confirma la detención de los cuatro secuestradores y la identidad de la mujer que murió durante la huída.

Por: Alfonso García del Real

La oportuna actuación de la Fuerza de Reacción de Élite logró detener en menos de 12 horas a los cuatro miembros sobrevivientes de la banda que mató a cuatro funcionarios y mantuvo secuestradas a veinte personas en la oficina de Padrón y Licencias este pasado 31 de octubre. El comandante Juan Destino, con uno de sus habituales retruécanos, confirmó la detención diciendo «Era obvio que el Destino los iba a atrapar, era apenas cuestión de tiempo», aunque mantuvo sus identidades en secreto para no entorpecer las investigaciones. El comandante Destino también expresó su solidaridad para los deudos de las víctimas, en especial para el esposo de la mujer que murió en el escape de uno de los secuestradores. «Estamos en posición de confirmar que la causa de muerte del secuestrador fue una hemorragia masiva provocada por la bala de nuestro francotirador, que entró justo en el hígado. El volumen del sangrado implicó que, para cuando chocó con la camioneta de la víctima, ya había perdido la conciencia; la bala también provocó un cortocircuito, que fue el que provocó la conflagración. Según el reporte preliminar del servicio médico forense, la mujer que perdió la vida sufrió múltiples fracturas en las cervicales, y además estaba embarazada de tres meses. Basándonos en esta nueva información, haremos que todo el peso de la ley caiga sobre los culpables de esta tragedia» informó en rueda de prensa. Las investigaciones continúan para deslindar responsabilidades.

1 de Noviembre. Hace 5 años.

Juan entró a la sala de juntas que la Policía Investigadora le había preparado. Sentado en una silla, un hombre que lo ha perdido todo. Juan revisó una vez más sus fichas. Había sido un sacrificio muy grande el que se había hecho, y en otras circunstancias el suyo habría sido un daño colateral aceptable. Pero no para Juan. Había pasado la noche en vela revisando cuidadosamente el plano y descubrió que el circuito que se había removido tendría repercuciones si no se reparaba. Una pequeña falla podía desencadenar grandes consecuencias. Si en 1908, se recordó, a un don nadie austriaco lo hubieran convencido de entrar en una escuela de arquitectura, no se habrían perdido 80 millones de vidas. No. Un error debía ser arreglado. La gente es gente, excepto cuando es una pieza importante en la maquinaria que forma el plano general.

Sirvió dos tazas de café y se acercó al hombre.
—Siento mucho su pérdida. Teníamos grandes planes para ella. Y para usted. No encuentro palabras para expresar lo que necesito que usted comprenda.
El hombre miró a Juan con una mirada que hubiera sido capaz de hacer hervir el hielo.
—Se lo compensaré. Me tomará cinco años, pero se lo compensaré. Encontré una versión anterior del plano general donde se detallan los planes que teníamos para ustedes, y hay una manera de repararlo. No será lo mismo, los parches nunca lo son, pero me parece que encontrará usted satisfactorio el arreglo que haremos. Ojalá pudiéramos hacerlo de inmediato, pero un buen trabajo requiere tiempo, y el elemento que necesitamos, en este instante, está todavía en la escuela primaria. Pero no se preocupe, cuando llegue el momento usted la encontrará. Es afortunado, a pesar de todo. Aunque habrá qué hacer cambios radicales, después de todo. ¿Ha considerado cambiar de carrera? Sé lo mucho que le gusta escribir. He leído sus libros, y aunque los he disfrutado, no le ofrecen la satisfacción intelectual que usted busca, lo sé. Un cambio radical de carrera; ya tiene usted sus bases, y podrá seguir utilizando sus habilidades de escritor, combinadas con —ojeó la ficha— su título de ingeniero civil. Investigación, o enseñanza. Quizá ambos. Buscaremos la manera de que…
No terminó la frase. El hombre se abalanzó sobre Juan y desató su furia, la frustración y el dolor que sentía, a base de puñetazos. Los agentes alrededor se quedaron quietos, advertidos por Juan de que eso sucedería. Es más, era requerido que lo hiciera. Instantes después, bañado en llanto y con las manos al rojo, el hombre se sentó a sollozar. Dos agentes lo ayudaron a ponerse de pie. Juan quedó en el suelo, y se puso de pie con trabajo. Alguien lo ayudó a mantenerse de pie.
—Me lo merezco —dijo Juan— por bocón. Llévenlo a su casa. Necesita descansar.
El hombre salió, siguiendo dólcilmente a los gorilas que lo guiaron hasta un auto patrulla.

Recorrieron el camino en silencio. Era un hombre acabado. En un sólo día había perdido a su esposa y a su hijo no nacido. Ni siquiera habían tenido tiempo de pensar en nombres. Los patrulleros lo ayudaron a bajar y lo guiaron hasta el gran portón de la casona. Llovía y estaba oscuro.

Entró sin decir palabra.

La casona se sentía tan fría y sola sin ella…