Just before I graduate…

A ver, niños y niñas.
 
Como habrán podido leer por aquí —y si estuvieron cerca de mí más o menos desde abril, lo habrán escuchado— con una insistencia rayana en niveles de Testigo de Jehová, mi tesis de concreto vítreo está prácticamente concluida, faltándome únicamente tronar cinco cilindros y desmoldar cinco losetas.
 
Esto implica que en cosa de 14 días ya tengo los datos para escribir mis conclusiones, imprimir las tesis, y presentarlas para que mis sinodales intentes destruirlas.
 
Pues bien, tras eso, sólo me queda completar el servicio social para graduarme, de manera oficial, como ingeniero civil. Pero quedan dos cuestiones, dos cuestiones altamente simples y de mucho cuidado, sin las cuales yo no me consideraré ingeniero civil con especialidad en vías de comunicación: la construcción de una casa.
 
Tengo, en mi archivo, firmado el 27 de junio de 2009 en la Biblioteca Central de la red de Bibliotecas Públicas de la Misión de San Antonio de Valero, el Presidio de San Antonio de Béjar y la Acequia Madre de Valero, en el territorio meridional de Téjas, un documento donde me comprometí a hacer cinco cosas:
1) Estudiar el primer semestre,
2) Si el primer aprobaba todas mis materias, continuar hasta reprobar por primera vez una materia,
3) Si al reprobar una materia ya llevaba más del 25% de los créditos, intentar aprobar hasta caer en artículo 35 y salir con los pies por delante,
4) Si terminaba la ingeniería, completar el proceso de titulación para ejercer como ingeniero civil con especialidad en demolición, y
5) Si me titulaba, construir, en ese orden, mi casa, la casa de mi hermano, y la casa de campo de mi familia, para nunca volver a construir nada más, sólo destruir.
 
Pues bien, completé exitosamente los puntos uno a tres; el cuatro es pan comido y apenas cuestión de tiempo, y el cinco…
 
Bueno, el cinco es lo que nos atañe en esta nota.
 
Para nadie debe ser una sorpresa que haya sido yo vocal que de la rama que más me gusta de la ingeniería civil es la destrucción, y no la construcción. Incluso, que jamás me sentiría enteramente seguro en una casa construida por mí.
 
Pero, como la masa andante de contradicciones que soy, también he insistido en que la casa en la que quiero vivir la quiero construir yo, a mi gusto; que la casa de mi hermano la quiero a construir yo, a su gusto, y principalmente porque no confío en los albañiles ni en los arquitectos ni otros ingenieros civiles para hacer un trabajo decente (como demostraron cuando, en la casa en la que él vive ahora, no bien cayó la primer lluvia y ya teníamos problemas). La del rancho es caso aparte: ahí de plano la casa que perteneció a mis abuelos está a punto de caerse y requiere, obligatoriamente, tumbarse.
 
Por ello es que el punto cinco de mi lista es tan importante, porque cumple y al mismo tiempo no cumple con lo que pregono, lo cual es como mi garantía de que mi candidatura V for Vancouver 2018 a la alcaldía de Guadalajara será la más exitosa de todos los tiempos. Sin embargo, y dejando de lado esa valiosa información, no es eso de lo que les quiero hablar.
 
Adelantémonos seis años y nueve meses a ese 27 de junio de 2009. Estaba yo preparando mi mundialmente desconocida tesis de concreto adicionado con vidrio. Todas mis pruebas me indican que dí en el clavo en la elaboración de un concreto que resolverá muchos problemas que no sabíamos que teníamos, como suele suceder con las investigaciones rebuznocionarias. Este concreto, que realmente cambió la forma en que comprendí que funcionaba la mecánica del miedo continuo del concreto, me hizo pensar que hay varias cosas que necesito hacer para cumplir con todos los objetivos de mi plan de trabajo. A falta de apenas diez días para romper las últimas muestras y demostrar con datos duros la viabilidad de mi concreto, mas cuatro para escribir mis conclusiones, y uno de edición, y un día para mandar a imprimir todos los ejemplares de las tesis, mas lo que haga falta para la evaluación, desmenuzamiento y destrucción por parte de mi director de tesis y mis sinodales, me atacó una duda hodible que me todtuda. Y esa duda es: ¿Seré capaz de comerme lo que yo mismo preparo?
 
Para demostrar que soy una persona que realmente promete lo que cumple, tengo intención —no este año, por un tecnicismo legal, dado que al no estar graduado aún no tengo cédula profesional para ejercer de ingeniero civil— de construir la casa de mis sueños con los materiales de mi investigación, lo cual servirá para que:
a) podré disponer de datos realistas sobre el comportamiento de mi concreto vítreo en condiciones normales de uso y operación, lo que me servirá para una eventual tesis de maestría;
b) quienes deseen continuar con mi tesis sobre las propiedades del concreto vítreo, puedan hacerlo sin invertir demasiado, dado que podré proveerles el material con menores costos,
c) quienes deseen integrarse a mi proyecto de construcción con el objetivo de hacer una tesis distinta, digamos la construcción de una casa sustentable, puedan hacerlo, y
d) yo tendré por fin casa con alberca, como siempre quise.
 
Algunos de ustedes ya conocen dónde vivía y dónde vivo, pero no dónde viviré. Mi intención, dado que soy un hombre soltero —arrebatadoramente guapo, de gusto exquisito, e incomparablemente modesto, sí, pero soltero a final de cuentas— es construir una pequeña casa. Si fuera yo mamón diría que voy a construir un cottage. Si fuera yo medio mamón diría que voy a construir un bungalow. Pero la verdad es que lo que voy a construir es un pie de casa. Es más, si juego bien con las proporciones y la tortura léxica mi pie de casa podría convertirse en una yarda de casa.
 
Lo que planeo hacer es, simple y llanamente, construir una habitación, un cuarto de baño, y un área común de comedor, cocina y área de estar, todo en un área que apenas sobrepasa los 50m². Personas muy cercanas a mí, en especial mi hermano, quien en su carácter de abogado piensa en grande, me han dicho que no mame, que si voy a construir construya de una vez a lo grande. Curiosamente, el problema es que yo, por mi carácter y en contra del volumen que ocupo en este mundo, no sólo no pienso en grande, sino que prefiero pensar en pequeño. Soy, quizá, una de las pocas personas que viven adecuadamente bien y cómodamente en apenas 70 sqft (6.5 m²) como probé cuando viví en Canadá ―y mi carnal se acuerda— o en apenas 20 m², como en Texas, o todo lo que me sobraba en los 67 m² de la casa en la que vive ahora mi carnal (superficie que me arreglé para duplicar integrando un segundo piso). Es decir, yo, lo que soy yo, yo, yo, yo, quiero una casa pequeña. Pero con alberca.
 
El terreno del que dispongo es de 6×15 m, lo cual implica 90m². De estos, 24 m² tienen restricción para áreas verdes, según el hache ayuntamiento de Zapopan, y no debiera construir ahí. Eso me deja 66m² libres. De esos 66m², quiero construir no más de 50m² con concreto vítreo, en una sola planta, porque i) no voy a poder obtener mucho dinero para construir, ii) porque con eso me basta y sobra para mí y mis tiliches, y iii) porque así puedo construir en la parte de atrás una alberquita de mínimo 3×5×1.25, o 4×4×1.25, o quizá incluso 4×5×1.25, sin afectar las restricciones del hache ayuntamiento. Y en mis 50 m² de mi pie de casa puedo construir, creo yo que sin preocupaciones ni problemas, una habitación de 4×4, un baño de 2×4, y un área común de 6×4. Cabe incluso una lavadora y secadora junto al refrigerador. En lugar de televisión pongo un retroproyector y pum, pantalla de 120 pulgadas, papaloy. Si añado una escalera por la parte de atrás, que sirva al mismo tiempo como escalera y como trampolín pa’l chapoteadero, puedo poner en la azotea una terraza, y el cuartito de la bomba debajo de la escalera, el boiler a un lado. el lavadero sirviendo al mismo tiempo como hielera o asador.
 
Por eso acudo a ustedes. Porque sé que, a pesar de —o quizá precisamente por —lo pinche troles que son, cabrones, tienen ustedes buenas ideas para organizar un desmadre. Yo tengo una idea básica de lo que quiero, pero sé que se me olvidará algo. Acudo a ustedes para saber qué diablos se me olvida.
Quedo de ustedes su seguro servidor:
El Inge Ese.