Bien pinche friki

Quienes me conoces saben que soy bien pinche friki. No por nada soy ingeniero en computación. Sin embargo, a diferencia de otros asquerosos frikis que conozco, yo tiendo a dirigirme más por el lado de las tecnologías viejas. Me encanta revivir equipo viejo, y en cuanto pueda voy a dedicarme a construir un procesador discreto compatible con un 8088, de aquellos años en que el modo de texto era el rey y donde WordStar era el procesador de textos a tener, junto con Lotus 1-2-3 y dBase ]|[+ era LA base de datos. Harvard Graphics era una especie de programa para hacer presentaciones pero distaba mucho de ser el Powerpoint de hoy. Internet era un sueño lejano; lo más cercano eran los BBS que operábamos algunos locos con mucho tiempo libre en una época en que tener un modem de 2400 baudios era ser afortunado y donde el intercambio de programas lo realizabas en disquetes de 5¼” de doble densidad y doble lado. Hasta la fecha, me entra una nostalgia cuando uso MS Works 2.0 en un PC DOS 5.1 en una computadora que opera con un procesador Cyrix 386SL de 25 MHz, con un monitor monocromático VGA y un disco duro de 40 MB y que ya no tiene un floppy funcional, tras tantos años de batalla. Qué puedo decir… soy un pinche friki asquerosamente hipster.

Por ello no deja de parecerme curioso que me encuentre emocionado por la más nueva y reciente generación de dispositivos de cómputo de baja potencia… pero de baja potencia en términos modernos, porque yo sí conocí la baja potencia de los procesadores 4004, 8008 y 8080. Me siento emocionado y un tanto decepcionado con mi cartera (lo cual se debe a que no he podido trabajar al mismo ritmo de antes, por estar estudiando… y no quiero repetir un 2009B porque me moriría de agotamiento) pero acepto que por algunos años más no volveré a ser el hombre que siempre tenía tecnología de punta en su escritorio. Me refiero a las dos nuevas clases de piconanomicrominicomputadoras en este mundo termorevolucionado: las Chromebit y los ComputeStick.

Estos cachivaches son dispositivos con forma de palito o de memoria USB con esteroides, pero en la cual cada aparato tiene una potencia de cómputo que hubiera sido equivalente a la de la base instalada de cómputo en todo el mundo mundial en 1980 y sobraría potencia. La chromebit, que cuesta unos 85 dólares, es, en esencia una cromebook o una chromebox que se conecta directo a una tele y transforma la tele en una computadora completa que te puedes llevar en la bolsa del pantalón. El computestick es casi lo mismo, pero en lugar de correr ChromeOS corre Windows 8.1 o 10. Cuando yo estudié la ingeniebría, allá en el lejano año de 1995, ni en mis sueños más húmedos hubiera pensado en que la integración de dispositivos hubiera llegado a tal extremo.

Evidentemente que estos dispositivos no son para todos. Son limitados. No vas a comprar un computestick para editar fotos en Fotoshop, es evidente. Pero tampoco quiero tener una computadora de tamaño completo detrás de la tele de la cocina sólo para poder ver videos de Youtube. Son dispositivos limitados, y ¿saben qué es lo que me emociona de ellos? ¡Precisamente eso, que son limitados! Se limitan a realizar unas pocas tareas, y las realizan admirablemente bien. Lo hacen tan bien que he reemplazado yo mi computadora principal por una piconanomicrominicomputadora (Ada, mi chromebook) y en muchos aspectos la prefiero a mi computadora principal (Edison, una Acer de cuádruple núcleo core i5) porque hace el trabajo y eso es precisamente lo que espero de mi computadora.

Hace ya 10 años AMD intentó hacer lo mismo con una nanomicrominicomputadora, la AMD Personal Internet Communicator, que fue una buena idea perfectamente mal desarrollada. Todavía tengo la mía, juaqueada. El PIC usaba Windows CE 5.0, pero estaba bloqueado y no se le podían agregar programas al contrario de otro montón de dispositivos con Windows CE de la época; no se podía personalizar más allá de lo que el vendedor había solicitado al fabricante, que no era mucho más que unos fondos de pantalla y el sonido de inicio; y aunque era muy económico y de rápida operación para ser un procesador Geode de 266 MHz, era frustrante para trabajar. Juaqueado para que usara Windows 2000 la máquina se defendía bastante bien en equipos de la misma gama, pero entonces perdía el atractivo de tener un sistema que se recuperaba solo, que era a prueba de virus, y que era rápido, justo lo que hace atractivo a ChromeOS. Así que mi PIC ahora sirve como reproductor de MP3 conectado a mi estéreo, sin conexión a internet porque no tiene caso conectar un aparato de tan poca potencia a internet y arriesgarme a que un viejo virus haga de las suyas con la máquina. Un ejemplo perfecto de una buena idea mal desarrollada.

En cambio, me enamoré del Chromebit. No es tan rápido como debería (Ada todavía le gana, y eso que tiene ya un año) pero está muy bien para navegar por internet. Puede reproducir un montón de formatos de audio y video, y como casi todo lo haces ahora en internet, no extrañas la habilidad de instalar muchos programas. Conectado a internet, por ejemplo, puedes usar MS Office, y desconectado de internet, Google Docs. Netflix funciona de pocas, y youtube, y hulu, y un montón de sitios de streaming. Lo único malo es que sólo tiene un puerto USB, así que necesitas un teclado y un ratón Bluetooth para que ese puerto quede libre, o usar un hub para tener más puertos. Me gustó, pues. Más que el chromecast, que es un dispositivo muy limitado pero que también hace admirablemente bien su trabajo. Para ver películas y videos de gatitos, chromecast. Pero para todo lo demás, un chromebit.

Pues sí, para qué lo voy a negar, soy bien pinche friki y me gustó este pequeño pedazo de tecnología.

 

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