Gong (1)

Me desperté con una sensación de que algo iba mal.

Y sí, estoy segura de que algo iba realmente mal. Muy mal. Me dolía la cabeza horriblemente, y sentía yo mucho frío. No me sentía  así desde hacía muchos, muchos años. Confirmé mis sospechas cuando mi ojo izquierdo nunca se despejó. Para ti, hija, despertar es fácil. Para mí no. Yo despierto dos veces al año, al principio y al final de las clases, y sólo por una quincena cada vez. No tengo mucho tiempo para desperdiciar, y menos con lo que me queda de vida. Ya no volveré a dormir. Y menos en estas circunstancias. Te agradecería que me trajeras una taza de café.

Gracias. Decir que duermo,, ahora que lo pienso, no es exacto. No es dormir como tú duermes. Mi proceso es más tardado. Nosotros los viejos hacemos las cosas más lentas; pero ahora soy la única que queda, y mentiría si te dijera que no estoy cansada. Tengo casi noventa años, pero mis años no son los tuyos. Yo he visto crecer a todo el planeta, y todos se han graduado ante mi mirada. Debo tener setecientos años, como cuentan el tiempo aquí. La estasis eventualmente tenía qué fallar. No hay máquina que dure tanto sin refacciones, y el cuerpo humano es aún una máquina muy delicada. A pesar de todos los avances que hubo en mi mundo. Tu mundo debería estar altamente tecnificado, hija, pero no es así. A tu gente le hace falta algo. No sé qué.

Así que soy una vieja decrépita que depende de sus máquinas de soporte vital para dormir y despertar un mes de cada año, esperando una señal de que mi trabajo no ha sido en vano. Es la única esperanza que me queda de mi vida pasada. Si es verdad que esa nave viene en dirección nuestra, y si es verdad que mi sol está ya completamente condenado, quizá todavía pueda corregir lo que hice mal. Aunque, pensándolo bien, no lo he hecho mal. Es una cosa interesante. Debería tener en mis espaldas doce generaciones de humanidad doliente, y lo que tengo es una especie de paraíso. Un paraíso con trabajo duro pero mucha gente fuerte y sana y alegre y feliz, que es más que lo que teníamos allá en mi vieja y buena Tierra. Quién lo diría. Extraño un pasado que nunca fue y extraño un futuro que no será.

Siéntate conmigo. El protocolo requiere muchas cosas y pocas de ellas necesitan de mi intervención. Quizá mientras espero que venga el médico pueda contarte algo que no viene en los libros de historia. Dime, hija, ¿te conté alguna vvez cómo fue que salimos de mi vieja y buena Tierra rumbo a tu planeta, y por qué tu planeta se llama Gong? Quizá será mejor que traigas algo en qué apuntar. Mis palabras se las llevará el viento y mis recuerdos se los lleva la edad. Quizá no sea todo como te lo digo, pero será lo más cercano a la verdad que conocerás.

Todo comenzó en el año 2112 de mi época. Decían que seríá un buen año, por ser capicúa…