Diatriba de un sábado por la mañana. (1)

Es sábado. Son las ocho cincuenta, y ya llevo 13 minutos viendo rugby union. Es el Seis Naciones 2015, Gales contra Irlanda. Van cuatro penales. Me aburro.

Soy un rugger. Me gusta el rugby desde que lo conocí; ahora soy más árbitro que coach y mis años de jugador quedaron atrás. Llevamos trece minutos. Van cuatro penales; tres de ellos convertidos antes del minuto once. El reloj está parado porque están sacando a un jugador que se fracturó un tobillo: sabe uno que no está fingiendo porque no se mueve y tiene una cara que parece decir «perdónenme, hermanos, les fallé.» El penal se convierte; el pateador no falla, vamos doce a cero. No ha habido un try. Ni un solo try. Y eso se ha repetido en todo el Seis Naciones.

El rugby union se está volviendo aburridísimo.

Mi desayuno todavía no está listo. Estoy más emocionado escuchando los ruidos que hace el horno y la loza; el color del jugo de naranja es más emocionante que la narración de los argentinos en ESPN. Hay otro penal, esta vez irlandés, desperdiciado. No hay tries. Me aburro. Hay algo fundamentalmente mal en el rugby union si antes de que termino de escribir un párrafo hay otro penal, otra patada a los postes, tres puntos para Irlanda, pero ningún try. Aún no llegamos a los veinte minutos.

Me aburro. Nunca pensé decir que me aburriría viendo un juego de rugby. Pero me aburro.

No estoy viendo mas que penales, rucks, uno que otro knock-on. No veo el balón: se la pasa más tiempo enterrado entre montañas humanas que moviéndose. Debería estar moviéndose; no estar en el piso. El balón de rugby es feliz volando en el aire, no enterrado en el suelo. Pero el rugby union está obligando a que el balón se quede quieto, oculto de la vista. Hay algo mal en el rugby union moderno. Cualquiera podría verlo.

Justo ayer estaba viendo a los Panthers contra los Titans. NRL. National Rugby League, Australia. Quizá fue un partido disparejo, terminando 40 – 0 y los panteras apalearon a los titanes, pero el partido estuvo más entretenido. Hubo tries. La emoción del rugby, en cualquier código, viene de los tries. Pero ahora es league quien anota. Union sólo está pateando.

Veinticinco minutos. Otra falta. Otro penal. Otro lineout. Otra oportunidad de hacer un try desperdiciada. Me aburro. Intento decirme que es un efecto de la depresión, pero no, no lo es. Es aburrido. Empiezo a hacer cuentas. El ruck es para disputar el balón, me dijeron. No veo disputas. El equipo que lleva el balón al piso en el tacle es el equipo que saca el balón del ruck. Mínimo 5 segundos en sacarlo; algunas veces, treinta. El árbitro ha gritado, incluso, que suelten el balón. Hay una amarilla; el balón se para; Gales tiene 10 minutos con catorce hombres; Irlanda tiene 15. Faltan 12 minutos para que termine la primera mitad; no ha habido un sólo try, sólo penales. Doce puntos para Gales, seis para Irlanda. Quizá mientras desayuno las cosas cambien; a veces la comida en el estómago tiene ese efecto.

No, no lo tiene. El rugby union poco a poco se está convirtiendo en lo que más odia. Un deporte lento y aburrido. No envidio el trabajo del réferi, que sólo sigue las reglas y se gana la enemistad de todos, pero a veces pareciera que la interpretación que le dan a las reglas son para provocar que el juego sea más lento. no son novatos: son profesionales. Pero el réferi tiene la obligación de vocear sus decisiones, de explicarles las reglas, de decirles que no hagan las cosas, de tratarlos como niños. Me aburro.

Vaya, por fin hubo algo que no fue un penal. Un drop goal. Otros tres puntos. Ni un try. Hace un par de años fue la gira de los British and Irish Lions. Muchos de los jugadores están en el Seis Naciones. Pero en la gira hubo tries. Muchos tries. Fueron buenos juegos. Cómo cambia el juego en dos años. Pero aún así el jugador que anotó más tries en esa gira tuvo sólo 4 tries; 20 magros puntos. Leigh Halfpenny ha anotado, él solo, 15 puntos en el juego que estoy viendo ahora. Todos de patada. Halfpenny hizo 114 puntos en la gira.

La ironía me mata. En mis tiempos de entrenador, me cansé de decirle a mis muchachos que abrieran el juego a base de patadas a la hache. Un esfuerzo de hacer puntos. Claro, mi equipo no era el más fuerte, ni el más rápido, ni siquiera era el de mejor puntería, pero tenía a hombres valientes. Buscando el try. A su manera, mis muchachos son mejores ruggers que los que estoy viendo en la televisión. Si tan sólo tuviéramos recursos para que entrenaran al mismo nivel… pero no los tengo. Acaba la primera mitad. No hubo un sólo try. Ni uno solo.

El rugby union ya no es lo que era.