Ella (19)

capítulo 19.

Llegó el día. Incluso a quienes no les gustaba el rugby estaban hablando de él. El partido había generado tal expectación que incluso se vería en otros países. El estadio estaba a reventar; se habían instalado pantallas gigantes alrededor para que el partido pudiera ser visto por la mayor concentración de aficionados que jamás hubiera tenido el país. Había un impresionante dispositivo de seguridad. No es que nadie, ni siquiera los ladrones, se fueran a perder el partido. No había gente en las calles, no circulaba ningún vehículo; durante al menos dos horas nadie se movería de su lugar si no era imprescindible.

Era la hora.

El árbitro entró primero, acompañado de sus abanderados y del árbitro de video. Sólo lo mejor para el partido. A continuación entró la escuadra del Resto del Mundo, en el uniforme blanco y negro a rayas gruesas tradicional de los equipos invitacionales, con las calcetas de sus respectivos clubes. Todos fueron recibidos con ovaciones. Se colocaron en la media cancha, y asumieron sus posiciones. Acto seguido entraron los Black and Blues. La ovación fue ensordecedora. Entonces, y sólo entonces, entró Leopoldo Montes, enfundado en la camisa con el número uno. Los jugadores iban enfundados en uniformes azul y negro y llevaban calcetas negras. Se acercó a la zona de bancas del equipo visitante y saludó a Long con un abrazo. Se dirigió a la zona de asistencias y saludó a todos y cada uno de los asistentes de mano. Finalmente se dirigió a la zona de banca de su equipo, presentó a Rompecabezas al público, que le aplaudió hasta reventar: presentó a Ada, que recibió la primera de muchas grandes ovaciones en su vida; y presentó a Leyli, alzándola en brazos para que la multitud apreciara a su heredera. Besó, finalmente, a Lucía, y se dirigió al campo rival. Saludó a todos y cada uno de los jugadores de Resto del Mundo antes de dirigirse a su propio lado y saludar a todos y cada uno de sus compañeros. Finalmente, saludó con un abrazo a todos los miembros del cuerpo arbitral, saludó una vez más al público, para darle tiempo a los abanderados y al árbitro de video de que tomara su posición, y se colocó en su lugar.

—¡Capitanes! —gritó el árbitro. Su voz llenó el estadio y acalló a la multitud— ¿Listos?
Se escuchó el silbatazo inicial. Jonás de Resto del Mundo la pateó, y la recibió Tanque de Black and Blues. Tanque avanzó hacia la línea de try contraria, enfrentándose a Fonz y Schumacher, quienes lo detuvieron en su metro 45. Tanque jugó el balón para Ojo Rojo, que pasó para Tren, quien se las arregló para avanzar 20 metros antes de ser tacleado por Seaview y López. Tren jugó el balón, y Lamprea lo pasó a Anguila, quien se escurrió entre Fonz, Charles, Victor y Chacón antes de ser tacleado ferozmente por Michael y Bayern. Anguila tardó unos instantes en levantarse del suelo, habiendo perdido el aire en el tacle, pero jugó el balón para Huesos, quien lo pasó a Polo, quien lo pasó a Manzanares, quien a su vez lo pateó. Maybrick se las arregló para escurrirse entre el Resto del Mundo y recuperó el balón a diez metros de la línea de try, donde fue tacleado por Adrian y Fonz. Maybrick jugó el balón, Ojo Rojo lo pasó hacia Satán, quien no pudo limpiar el camino más que cinco metros antes de caer ante Schumacher, López y Seaview. Satán jugó el balón, Ojo Rojo lo pasó a Polo, y Polo corrió hacia la banda, para pasar el balón a Lamprea instantes antes de ser tacleado. Lamprea anotó el try justo cuando Titus y Corleone intentaban taclearlo. El árbitro central silbó y adjudicó el try. Rompecabezas se puso de pie y alzó los puños al cielo para celebrar junto con todo el estadio, pero Ada estaba muy ocupada como para celebrar. Gesticulaba instrucciones a los jugadores en el código que habían diseñado para ese fin, y organizó la defensa en lo que Valladares pateaba la conversión. Habían pasado apenas tres minutos.

Los Black and Blues se concentraron en el ataque y no cometían errores. Resto del Mundo era todavía un rival muy fuerte al que no había qué descuidar. Conocedores de la forma de ataque de los Black and Blues, el capitán Chacón ordenó a cada jugador que marcara a su contraparte. Rompecabezas y Ada observaban impotentes cómo la estrategia de uno a uno estaba haciendo su trabajo más difícil, hasta que Ada notó que los jugadores estaban dejando huecos en las zonas cercanas a la banda alejada del balón. Cuando se cometió una falta menor, Ada silbó el código a Polo, quien señaló a tres de sus jugadores. Bestia, Tren y Sam asintieron, cobraron la falta, y usando una formación de diamante se las arreglaron para avanzar hasta la línea de try, protegidos por la banda derecha y con constantes pases antes de ser tacleados. Ojo Rojo cobró la conversión. Diez minutos y el juego estaba ya 12 a 0.

Long gritó a sus jugadores y señaló a la zona de Black and Blues. Titus y Victor asintieron y apenas tocar el balón, patearon hacia el área de try rival. Fonz corrió lo más rápido que pudo y trató de recuperar el balón; Ada silbó instrucciones y Short trató de interceptar a su rival, pero aunque lo tacleó, la inercia de Fonz lo llevó hacia el área y el árbitro marcó el try. Corleone pateó la conversión, que fue exitosa. Trece minutos y Resto del Mundo había por fin penetrado la defensa de Black and Blues.

Pero no duraría mucho. En la siguiente oportunidad los Black and Blues no recibieron ningún tacle, utilizando una táctica de pases largos de balón. Aprovechando perfectamente la ventaja y los huecos que generaba Resto del Mundo al intentar taclear a un rival, Black and Blues anotó un try justo debajo de los palos, con Valladares siendo el anotador. La conversión la cobró él mismo, y a los quince minutos del primer tiempo el marcador estaba ya 18-6.

Ada silbó instrucciones tal y como Rompecabezas le decía, y los jugadores se acomodaron sobre la superficie de la cancha. Esta vez sí hubo tacles, Resto del Mundo había decidido que iban a vender cara la derrota y comenzaron a taclear con ferocidad. Ya habían llegado al sexto tacle cuando Polo, en posesión del balón, corrió hacia el área de try y recibió un tacle en el cuello por parte de Seaview. Con más habilidad que fortuna Polo no soltó el balón y lo apoyó en el área de try mientras caía; el árbitro decretó el try, llamó al capitán Chacón y a Seaview, sacó la tarjeta amarilla para Seaview mientras Polo recibía asistencia médica de parte de Farid, y decretó un try de ocho puntos. Sobándose todavía el cuello, Polo se puso de pie y decidió cobrar él mismo la conversión y el penal. Convirtió exitosamente los dos, y al terminar, salió del campo de juego, se tendió al suelo y dejó que le pusieran una venda en la rodilla. Regresó al juego apenas terminaron de vendarlo. Al pasar junto a su banca, hizo un par de señas; Ada retransmitió la información silbando. Durante los 10 minutos que estuvo suspendido Seaview ningún equipo anotó; el marcador continuó en 26-6. Seaview reingresó, y lo primero que hizo fue acercarse a Polo y ofrecer la mano como disculpa; Polo la estrechó y le dio una palmada en el hombro; le debía una cerveza, le dijo, y Seaview aceptó.

Apenas se reintegró el 13 cuando Resto del Mundo cuando el marcador se movió; Schumacher decidió patear a gol desde la línea de 40 metros de Black and Blues, pero Anguila alcanzó a rozar el balón con los dedos en el aire y la trayectoria se alteró; Charles se las arregló entonces para atrapar el balón detrás de la línea de 10 metros y correr para anotar el try en la esquina. La conversión que ejecutó el mismo Charles fue exitosa. En los siguientes tres minutos Resto del Mundo decidió que la mejor estrategia para anotar puntos y recortar la diferencia era hacer goles, así que apenas recibían el balón y estaban en el lado de Black and Blues pateaban. La estrategia fue exitosa y para cuando el árbitro marcó el medio tiempo el partido estaba 26-15. Polo se acercó a su banca con el rostro marcado por el dolor. Se apoyó en Farid y en Rompecabezas para ingresar a los vestidores.

Salió, diez minutos después, con un vendaje mucho más elaborado que el que recibió en el campo de juego. El árbitro le preguntó si estaba bien; Polo contestó que podía jugar sin problemas. El árbitro llamó a Farid y le preguntó si estaba apto para jugar; el médico indicó que sólo era un raspón producido por la bota del rival que lo tacleó; nada grave. El árbitro asintió y reanudó las hostilidades, esta vez pateó Polo, que al golpear hizo un gesto de dolor que el árbitro no notó, pero que Long sí. Llamó a sus jugadores y les dijo que debían marcar a Polo, para disminuirlo. En su último partido no querría salir de la cancha, estaba seguro.

Ada silbó más instrucciones mientras Rompecabezas gesticulaba. Los dos jóvenes se entendían a la perfección. Y lo que era más importante en ese instante, el equipo los entendía a la perfección. Viendo que Polo tenía problemas para seguir jugando a su máximo nivel, el juego se tornó más defensivo, y los Resto del Mundo se comenzaron a apoderar más y más del balón. En un lapso de 10 minutos Resto del mundo hizo tres tries y tres conversiones fáciles, y cuando cayó el último, el estadio estaba en absoluto silencio. 26-33 y faltaba todavía veinte minutos de juego. Long decidió jugarse el todo por el todo y sacó a Jonás, Corleone, López y Victor, para meter a Rodríguez, Oveur, Tribiani y Walton. Desgastados, Tren, Bestia y Satán fueron reemplazados por Tanque, Ruso y Tony. El juego mejoró en calidad, y más cuando Polo se las arregló para interceptar un pase de Fonz y correr hacia la línea de meta, haciendo un espectacular handoff para que Oveur saboreara el pasto por primera vez, y acercándose a la línea de try a velocidad vertiginosa, pero Walton lo detuvo con un tacle alto en la línea de 20 metros. El árbitro marcó penal. Walton vio tarjeta amarilla a escasos tres minutos de haber entrado al juego. Polo se sobó el cuello otra vez y se las arregló para patear el penal, asegurando dos puntos. 28-33. Ahora estaban a apenas un try y un gol de diferencia.

Ada decidió que la diferencia de cinco puntos era excesiva, así que silbó órdenes para que patearan a gol en cuanto pudieran. Los jugadores la obedecieron, y en dos oportunidades Manzanares y Valladares anotaron un gol cada uno. 30-33. Polo recibió un golpe accidental en la cara al disputar un balón que había sido pateado, así que se vio forzado a salir. Casas entró en sustitución de sangre mientras Farid revisaba al capitán, y se las arregló para anotar un gol extra al tratar de pasar el balón por encima de la defensa de Resto del Mundo. 31-33. Dos minutos después, entraron al mismo tiempo Walton y Polo, mientras que Casas se volvía la sustitución permanente de Sam. Faltaban cinco minutos, así que Resto del Mundo decidió combatir fuego con fuego y comenzó a patear a gol. Lo lograron en una ocasión, 31-34 a 4 minutos del final. Lo volvieron a intentar una segunda ocasión, a un minuto del final, y entonces el infierno se desató.

Chacón pateó a gol desde los 30 metros. Pero el ángulo del disparo iba inclinándose ligeramente a la derecha y el resultado fue que el balón golpeó contra el poste. Ada alcanzó a silbar una última instrucción, y Polo se giró, recibió el balón en el rebote, y comenzó a correr hacia el lado contrario. Bayer corrió hacia Polo, pero él lo rechazó con el hombro y lo tumbó. El resto de los Resto del Mundo miró asombrado cómo el kiwi volaba, y cuando se dispusieron a corregir esa afrenta, ya era demasiado tarde. Polo esquivó a Chacón, Tituspor la derecha, luego a Titus por la izquierda; Charles intentó taclearlo por la espalda pero falló miserablemente, Fonz le plantó cara y lo hizo girar hacia la banda en la línea de 30 metros, donde Schumacher ya lo esperaba. Éste se lanzó hacia Polo, que extendió el brazo y sintió un familiar crujido cuando Rodríguez se rompió la nariz contra su mano, sin lograr completar el tacle. La única línea de defensa que quedaba era Michael, que resultó ser demasiado lento para alcanzar a Polo, quien se lanzó por última vez en su carrera hacia la línea de try, deslizándose por el pasto. Con la agilidad de un hombre 30 años menor Polo se puso de pie, tomó el balón y lo lanzó hacia la banca. Ada lo atrapó limpiamente y el árbitro silbó el final del encuentro. 35 a 34.

El estadio entero estalló en júbilo.