El día de hoy, o sea, hoy, van a leer ustedes una diatriba inconexa que puede ocasionar una revolución total en sus sentidos, al grado de decir que el texto apesta y preferirían estar ciegos antes que escuchar una palabra más. Advertidos quedan.


Hace algunos días, por razones que no vienen al caso, tuve una extraña discusión filosófica con un tipo barbón y calvo que tenía más facha de Santa Claus en verano que de otra cosa.

Hablábamos de algo que ya no recuerdo qué era pero versaba alrededor de la calidad de diversos brebajes, mejunjes, menjurjes, caldos y pociones similares al tequila, cuando de pronto este caballero, que supondremos era un caballero, cuando de pronto este caballero, por alguna razón que escapa a mi entendimiento, me dijo que la mejor prueba de que dios (cualquier dios) existía eran los plátanos.

No pude reprimir una carcajada. Lo intenté, lo juro, pero no pude resistirme. Los argumentos del caballero eran más o menos como siguen:

  1. Tiene la forma perfecta para ajustarse a la mano humana.
  2. Tiene la forma ideal para la boca humana.
  3. Tiene una superficie no resbaladiza.
  4. Tiene indicadores del estado de su contenido.
  5. Tiene una punta que facilita abrirla.
  6. Tiene una cubierta biodegradable.
  7. Es de sabor y textura agradables.
  8. Es curvada para facilitar el proceso de comerla.

O algo así. Ésta clase de argumento es totalmente ridículo, y así se lo hice entender al caballero, al usar un argumento similar para desmontar la teoría del dios diseñador. Y es que el coco:

  1. Es demasiado grande para la mano humana.
  2. Tiene una cáscara demasiado gruesa.
  3. Su interior es muy duro.
  4. No hay forma de acceder a su líquido interno de manera sencilla.
  5. Abrirlo es un martirio si no hay herramientas.
  6. Es demasiado curvado y dificulta el proceso de comerlo.
  7. Comer su pulpa no es sencillo porque se encuentra pegada a la cáscara.
  8. Y si te cae en la cabeza desde la palmera te mata.

Ahora bien, dao que ya no estoy enfrente de este caballero y puedo darme el lujo de extenderme en la materia, y además estoy en vena humorística aunque sea para olvidarme un poco de las atribuladas tribulaciones que me atribulan y me tienen todo atribulado, voy a extender el argumento del plátano, terror de los ateos, para demostrar que se extiende a todas las frutas y demuestra, sin lugar a dudas, que el argumento es tan lógico que demuestra lea existencia de un diseñador de este mundo.

  1. La banana tiene la forma perfecta para ajustarse a la mano humana.
    Un buen punto. Como puede observarse, todas las frutas que el hombre come tiene la forma adecuada para que el hombre pueda comerlas con una sola mano. Como ejemplos tenemos la jícama, la sandía, el melón, la calabaza, el coco, la piña… Además, ni soñar que los monos puedan consumir frutas como el plátano, que no están diseñadas para sus manos. Todo mundo sabe que los monos no comen bananas. Ojalá que alguien les diga que no deberían hacerlo.
  2. El plátano tiene la forma ideal para la boca humana.
    De nueva cuenta, todas las frutas que el hombre come tiene la forma adecuada para que el hombre pueda comerlas sin necesidad de cortarlas en trozos más pequeños. Como ejemplos tenemos la jícama, la sandía, el melón, la calabaza, el coco, la piña… Evidentemente, lo dicho en el punto anterior demuestra, sin lugar a dudas que sólo el hombre es capaz de consumir estos frutos. El cangrejo cocotero (birgus latro), por ejemplo, pierde miserablemente su tiempo tratando de comer cocos, que como todo mundo sabe no fueron diseñados para su boca. Ojalá que alguien les diga que no deberían estar haciendo eso.
  3. La banana tiene una superficie no resbaladiza.
    Todo mundo sabe que las frutas no comestibles tienen una superficie resbaladiza. Por eso precisamente son comestibles. En cambio, el plátano, con su superficie antiderrapante, se usa mucho como alfombra en las fábricas. Ningún plátano ha causado muertes en el mundo, precisamente por sus características antiderrapantes.
  4. La cáscara del plátano es un indicador del estado de su contenido.
    Usted puede comprobarlo, dado que los plátanos son como los semáforos. Una banana cualquiera indica que está verde cuando su cáscara está verde, y como verde significa siga o adelante, está listo para ser comido. Cuando está amarillo significa precaución, y cuando está rojo significa alto total, y no debe ser comido bajo ninguna circunstancia, a menos que pase pronto al verde. Si se pone negro es que el semáforo está descompuesto y debe procederse con precaución al llegar a la esquina. Ahí se puede saber que el diseño es excelente y los humanos lo adaptaron para otros usos. Incluso en África en las esquinas en lugar de semáforos hay plátanos. Son más baratos y ecológicos.
  5. La banana tiene una punta que facilita abrirla.
    Por supuesto. He aquí una prueba más del diseño tan inteligente del plátano: basta ver que los humanos lo adaptaron para las latas. Por ejemplo, las latas de refrescos tiene una punta que facilita el abrirlas. Y las botellas de refresco tienen una corona similar a la punta de una banana que facilitan acceder al interior. Les digo que el diseño es de una genialidad tal que no hay modo que haya sido hecho por humanos.
  6. El plátano tiene una cubierta biodegradable.
    ¿Alguna otra fruta puede decir lo mismo? Ninguna. Salvo los plátanos, todas las frutas tienen cáscaras no degradables. Por ejemplo, la manzanita sol tiene una cáscara formada principalmente por aluminio. La fanta naranja tiene una cáscara de silicio muy similar al vidrio. El boing de piña tiene una cáscara similar al tetrapak. Sólo la banana tiene una cáscara que no se convierte en basura y desaparece solita una vez que se ha consumido la fruta en su interior.
  7. La banana es de sabor y textura agradables.
    Todo mundo sabe que no hay frutas que tengan sabor y textura agradables salvo las bananas. ¿Han probado alguna vez el mango? ¿Qué tiene de agradable esa fruta? Y las naranjas, por el amor del mondesvol, qué horror, ácidas y desagradables, no, nada como una buena banana.
  8. El plátano es curvado para facilitar el proceso de comerlo.
    Ninguna otra fruta en este mundo y varios de los aledaños, con excepción de Hercóbulus, tiene una forma que facilite el comerla. Las cerezas y las uvas, por ejemplo, no hay forma de comerlas con facilidad. Tampoco se puede decir lo mismo de las ciruelas. Ahí se puede observar que el diseñador se tomó su tiempo para hacer del plátano una fruta única, la única fruta diseñada para ser consumida por el ser humano, la fruta perfecta y la fruta ideal, diseño del que se derivan las demás frutas.

Y es que no hay como evitar que la realidad nos haga naufragar una bonita teoría. Cualquiera con acceso a una bonita y completa biblioteca, o por lo menos al poderoso dios Google, podrá llegar a páginas en las que se detalla en todas sus características a la familia de las musáceas. Vaya, incluso en la siempre presente wikipedia hay amplia información al respecto. Incluso podemos diferenciar entre bananas, dulces y de cáscara amarilla, y plátanos, de cáscara verde y tan ricos en fécula que deben ser cocinadas antes de comerse, como lo hacen habitualmente en tierras tan extrañas como Venezuela y México. De hecho, los plátanos salvajes no pueden ser consumidos por el ser humano por dos motivos: el primero es que saben a rayos y el segundo es que están llenos de semillas.

“¿Semillas? Pero si el plátano no tiene semillas…”

se preguntará el lector, extrañado ante la afirmación que tan audazmente escribí unas pocas líneas atrás. Pero es verdad: el plátano salvaje tiene toda la forma de un plátano de los habitualmente consumidos, pero en el interior de la falsa vaina que forma su fruto tenemos un montón de semillas que impiden que sea consumido. Y a las pruebas me remito:

Fotografía del interior del fruto del plátano salvajeA wild banana showing the seeds.Plátano salvaje mostrando sus semillas

Aquí tiene usted, lector epiceno, el interior auténtico de un banano salvaje. No es un fruto que usted diría “Ah, qué agradable.” Y es que no lo es. El plátano que habitualmente consumimos tiene su origen en una mutación. Los primeros plátanos consumidos habitualmente por el ser humano eran de una consistencia harinosa y debían ser cocinados. Pero en 1836 Jean Francois Poujot, jamaiquino él, descubrió una planta mutante en su plantación, que tenía color amarillo en lugar de verde o rojo. Y lo que era más extraño es que no requería ser cocinado antes de consumirlo. Evidentemente este plátano tuvo un éxito absoluto y fue rápidamente extendido por todo el mundo, y si Jean Francois no se volvió millonario fue porque en ese tiempo los millones todavía no se inventaban, pero sí se volvió muy rico, como sus plátanos. Luego se diseñaron otras mutaciones cuidadosamente seleccionadas para mejorar sus atractivos, tamaños, colores, resistencias y similares, hasta desembocar en la enorme variedad de plátanos que tenemos hoy en día.

Así que, por tanto, la teoría de que los plátanos fueron diseñados es correcta, pero el diseñador no fue ningún dios. Fue un humano que se aprovechó de un error en una planta y se dedicó a cruzar especies hasta obtener una que le satisfizo.

Es, de verdad, una lástima que la realidad se empeñe tan tozudamente en echar a perder una bonita teoría.

Saludos cordiales.

Quoth.

Publicado originalmente en Nevermore.
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2 Responses to “El Plátano: terror de los ateos”

  1.   JESUS DURAN Says:

    NO SE ESCRIBE JAMAIQUINO MECO, SE ESCRIBE JAMAICANO.

  2.   Quoth, the Raven Says:

    ¿Ah, cómo que no? Mira: Jamaiquino.

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